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15 de mayo de 2013

Humedal de Córdoba un derecho hecho realidad.


Resumen de un proceso en el que una comunidad recupera un bien público y análisis desde las herramientas de la Pedagogía del Caos.

Por Luz María Gómez     Resumido por: JV Rubio
NOTA: Esta experiencia obtuvo premio en la décima versión del Premio Planeta Azul por ser “claro ejemplo de cómo una buena gestión comunitaria logró con ayuda de entidades públicas, recuperar y conservar uno de los humedales más importantes del distrito”.

PERMANECER ES SER PARTE ACTIVA DE LA HISTORIA
Transcurría la vida en el humedal de Córdoba, sin una clara conciencia de su valor por parte de propios y extraños, aunque apreciado desde fuera por la belleza que insinuaba, como pasa tantas veces con la vida cuando, en 1998, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), anunció a la comunidad su proyecto ya contratado “Rehabilitación de las Zonas de Ronda y Zonas de Manejo y Preservación Ambiental del Humedal de Córdoba.” Grandes pplazoletas esquineras con mobiliario y diseño urbano, un árbol aquí, otro más allá, ciclorrutas con una cinta de asfalto y otra de adoquines de casi dos metros de ancho cada una, 1000 luminarias, la adecuación de un gran embalse y la tala de 1040 árboles, muchos de ellos sembrados por la comunidad.

A todas luces, el proyecto no representaba una solución efectiva a los problemas del humedal; la mala calidad de sus aguas aferentes no se resolvía y, por tanto, la reducción progresiva del cuerpo de agua y del área inundable se mantenía, lo mismo que el deterioro de sus estructuras hidráulicas y la pérdida de sus cuerpos lagunares; los desechos sólidos lo seguían invadiendo, lo mismo hacían los depredadores de Fauna y Flora; el impacto del tráfico sobre el humedal no se superaba y, más grave aún, se iba a presentar un incremento significativo de la gente que quería pasear por la ciclorruta en busca de esparcimiento. Dicha carga sobre el ecosistema auguraba un peligroso impacto: gente que pisa, habla, corta flores y roba nidos, interrumpe la dinámica propia de un ecosistema impidiendo, por ejemplo, el apareamiento y el cuidado de los polluelos.

Los vecinos se pusieron en alerta. Para unos era una bendición, claro, los blancos tenis de antes, ahora los Nike, se ensuciarían menos y los ciclistas estaban felices de pensar que podrían recorrer el parque de oriente a occidente, dado que al integrarse con la represa de San Rafael y el río Bogotá, se convertiría en el “Parque lineal más grande de Latinoamérica” ¡Uy!. Ahora seremos importantes, pensaron algunos; el estado físico mejoraría significativamente, tal vez, hasta motociclistas, zorreros y comerciantes lo vieran como una gran oportunidad para participar en la mejora de la economía del país, el TLC estaba ad portas. El humedal en sí importaba poco.