Resumen de un proceso en el que una comunidad recupera un bien público y análisis desde las herramientas de la Pedagogía del Caos.
Por
Luz María Gómez Resumido por: JV
Rubio
NOTA: Esta experiencia obtuvo premio en la décima
versión del Premio Planeta Azul por ser “claro ejemplo de cómo una buena
gestión comunitaria logró con ayuda de entidades públicas, recuperar y
conservar uno de los humedales más importantes del distrito”.
PERMANECER
ES SER PARTE ACTIVA DE LA HISTORIA
Transcurría la vida en el humedal de Córdoba, sin
una clara conciencia de su valor por parte de propios y extraños, aunque
apreciado desde fuera por la belleza que insinuaba, como pasa tantas veces con
la vida cuando, en 1998, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá
(EAAB), anunció a la comunidad su proyecto ya contratado “Rehabilitación de las Zonas de
Ronda y Zonas de Manejo y Preservación Ambiental del Humedal de Córdoba.”
Grandes pplazoletas esquineras con mobiliario y diseño
urbano, un árbol aquí, otro más allá, ciclorrutas con una cinta de asfalto y
otra de adoquines de casi dos metros de ancho cada una, 1000 luminarias, la
adecuación de un gran embalse y la tala de 1040 árboles, muchos de ellos
sembrados por la comunidad.
A todas luces, el proyecto no representaba una
solución efectiva a los problemas del humedal; la mala calidad de sus aguas aferentes
no se resolvía y, por tanto, la reducción progresiva del cuerpo de agua y del área inundable se mantenía, lo mismo que el
deterioro de sus estructuras hidráulicas y la pérdida de
sus cuerpos lagunares;
los desechos sólidos lo seguían invadiendo, lo mismo hacían los depredadores
de Fauna y Flora; el
impacto del tráfico sobre el humedal no se superaba y, más
grave aún, se iba a presentar un incremento significativo de la gente que
quería pasear por la ciclorruta en busca de esparcimiento. Dicha carga sobre el
ecosistema auguraba un peligroso impacto: gente que pisa, habla, corta flores y
roba nidos, interrumpe la dinámica propia de un ecosistema impidiendo, por
ejemplo, el apareamiento y el cuidado de los polluelos.
Los
vecinos se pusieron en alerta. Para unos era una bendición, claro, los blancos
tenis de antes, ahora los Nike, se ensuciarían menos y los ciclistas estaban
felices de pensar que podrían recorrer el parque de oriente a occidente, dado
que al integrarse con la represa de San Rafael y el río Bogotá, se convertiría
en el “Parque lineal más grande de Latinoamérica” ¡Uy!. Ahora seremos
importantes, pensaron algunos; el estado físico mejoraría significativamente,
tal vez, hasta motociclistas, zorreros y comerciantes lo vieran como una gran
oportunidad para participar en la mejora de la economía del país, el TLC estaba
ad portas. El humedal en sí importaba poco.
