8 de octubre de 2010

¿EL CIERRE DE DMG, Abre el camino a un movimiento social impredecible?

Por JV Rubio. Mg. en Desarrollo Social
Tras el boom de noticias sobre DMG, parece que los medios de comunicación se hubieran puesto de acuerdo en silenciar el tema, y solo quedan algunos ecos sobre la DMG-política y la situación jurídica de David Murcia Guzmán. Sin embargo, a partir del cierre de DMG se comenzó a gestar un movimiento de masas que se hace más grande y sólido con el paso del tiempo. Seguir ignorando u ocultando este fenómeno podría traer mayores consecuencias que las que produjo la omisión del Gobierno frente al desarrollo gigantesco del Holding empresarial.
Al cerrar a DMG, el Gobierno no se dio cuenta de que estaba haciendo clic en una serie de vínculos, que de unirse podrían cuestionar significativamente no solo la imagen del Presidente, sino el modelo mismo sobre el que se sustenta nuestra economía.

Este artículo pretende develar uno a uno los elementos que, de continuar en la dinámica que llevan, podrían generar un movimiento social sin precedentes en la historia del país.

LOS INGREDIENTES PARA GENERAR EL MOVIMIENTO

En la historia reciente de Colombia, pocos movimientos han logrado sostener marchas casi diarias de protesta. DMG lo está consiguiendo, y cada día con más fuerza. Es casi insólito que en un día laboral común y corriente (viernes 12 de diciembre en este caso), y sin ningún anuncio en los medios de comunicación, más de 4.000 personas cubran doce cuadras de un carril completo de la Avenida Caracas de Bogotá, paralicen a Transmilenio durante más de media hora y continúen firmes en su marcha, en medio de un torrencial aguacero.

Pero es que este movimiento, más que razones, tiene un sentimiento de gratitud absoluto por el hombre que no es solo su líder, sino su símbolo, su ídolo: David Murcia Guzmán. Porque unos compartieron con él sus inicios como soñador y comerciante, otros recibieron una ayuda solidaria desde la acción social de una iglesia en La Hormiga, Putumayo, y muchos fueron premiados (o pagados, según ellos) con bienes o dinero que les permitían soñar e incluso disfrutar una mejor calidad de vida. Esta adhesión incondicional, esta fidelidad a toda prueba con Murcia y su empresa, los habilita para cualquier tipo de tarea que lleve adelante sus objetivos, cueste lo que cueste, y las críticas y acusaciones que se les imputan las interpretan como oscuras maquinaciones del Gobierno y de los medios, y redoblan su fervor.

La creación de un comité de dirección nacional le ha dado al movimiento mayor cohesión y fortaleza, pues está conformado por las trece personas más convencidas y firmes en su causa: hombres y mujeres que compartieron el crecimiento de Murcia como empresario y símbolo, y cuya voluntad será muy difícil de comprar o doblegar.

El corazón del movimiento es una familia nuclear, representada en 500 personas del Putumayo, que desde hace dos meses viven en Bogotá bajo el mismo techo, compartiendo todos sus quehaceres y emociones, y constituyéndose en el fuego que se mantiene encendido como ejemplo y estímulo para el resto del país (cada día salen a las marchas, y regresan a su hogar en una entusiasta fila de buses que circula por Bogotá, con escolta de la Policía, que detiene el tráfico a su paso, cual si fuera la caravana presidencial).

La historia y la empresa de David Murcia generaron en sus seguidores la convicción de que es posible soñar y crear procesos aparentemente imposibles, que los podrían encaminar a acciones hasta ahora desconocidas. Esta efervescencia de creatividad, además, puede conducir a formas de organización y de lucha novedosas, con las que hasta ahora no habían lidiado el Gobierno ni la sociedad.

Desde el nuevo mundo de internet se están moviendo varios grupos, minuto a minuto, con millares de miembros y apoyos a DMG. Desde allí se cocinan muchas de las acciones e ideas que alimentan el movimiento. No hay forma de acabar con estos grupos, pues cuando se cierra uno, se abren varios, y los seguidores se mueven de un lugar a otro sin ninguna dificultad.

El movimiento cuenta con gente que ha aprendido a esperar y a tener esperanza: hasta seis u ocho horas en fila para cargar su tarjeta, y seis meses para recibir su dinero o su “pago”, a pesar de lo incierto de la situación. Esto, aunado al hecho de que en DMG hay gran número de desempleados y subempleados (de lo cual responsabilizan al Estado), habilita al movimiento para una lucha muy prolongada.

Otra fortaleza de este movimiento es un poderoso instrumento de comunicación (quizá el más usado en la historia de la humanidad y que últimamente, con el florecimiento del Network Marketing, ha tomado gran relevancia): el VOZ A VOZ, una herramienta que adquiere toda su dimensión al tocar de manera directa la subsistencia de millones de Colombianos y la emoción de la gente, y este es el caso de DMG.

Ya existen mártires en el movimiento, y ya se han pedido por ellos minutos de silencio en las marchas. Los suicidios de algunas personas, clientes, funcionarios o proveedores de DMG, han producido un clamor de contagio en quienes consideran que estas muertes han sido ocasionadas por las decisiones del Gobierno, pues la empresa como tal en sus siete años de existencia no tenía ninguna denuncia por incumplimiento con sus clientes.

Hasta ahora esta lucha, que apenas comienza, ha sido en paz, debido a la prudencia de los líderes putumayenses, pero el poder que allí se irá acumulando, el silencio de los medios de comunicación y la presión de seguidores y gente que se alíe con ellos, no garantizan el control del movimiento ni el uso sostenido de acciones completamente pacíficas.

Finalmente, para el desarrollo del movimiento es muy importante la definición de la situación jurídica de David Murcia. Para todos ellos, Murcia es inocente, y su convicción crece aún más en el momento en que él rechaza el principio de oportunidad y se va a juicio. Si consideramos que hasta ahora no hay ninguna prueba condenatoria sobre Murcia, cabe la posibilidad de que salga libre, y ya podemos imaginar las dimensiones del movimiento que lideraría. Si es declarado culpable, sus seguidores lo considerarán un mártir de la justicia y lo mantendrán como símbolo y razón importante para continuar su lucha.

LOS PILARES DEL MOVIMIENTO
El Movimiento DMG está basado en tres grandes pilares, que movilizan el ser total de las personas:

LA FAMILIA. Con un carácter absoluto de pertenencia, que Murcia implementó desde la fundación de su empresa. Todos los clientes y ex funcionarios de DMG se sienten miembros de una gran familia, y los líderes han sabido capitalizar este sentimiento (“hola, familia”, “querida familia DMG” son los saludos y en general las referencias al movimiento).

LA PROPIEDAD. Los clientes, los ex funcionarios y, por supuesto, los proveedores de DMG se han sentido usurpados en sus bienes, sienten que el Gobierno ha vulnerado su derecho a la propiedad, y todos reclaman su empresa como si de verdad fuera suya. “¡NO QUEREMOS PLATA, QUEREMOS NUESTRA EMPRESA!!!” es una de las consignas más reiterativas en sus marchas.

LA RELIGIÓN. Desde hace mucho tiempo los mensajes de David Murcia hacían fuerte hincapié en la voluntad divina; frases importantes en sus mensajes eran: “que Dios los bendiga”, “Dios es el único que puede acabar con nuestra empresa”. Las marchas se han comenzado con una oración, y en los mensajes de internet se invita permanentemente a orar y ponerse en las manos de Dios.

LOS APOYOS DEL MOVIMIENTO
Regiones completas del país se han paralizado, pues el comercio, la industria y en general la vida cotidiana dependían de las operaciones de DMG. Lo grave es que el grueso de estas poblaciones responsabiliza al Gobierno por sus decisiones, y le exige devolver el bienestar que habían ganado con DMG, tras el colapso al que los llevó (según ellos) la lucha contra el cultivo de la coca y la fumigación masiva, que dejó la tierra improductiva. Sea válido o no, este imaginario colectivo se constituye en un motivo visceral de lucha en favor de DMG y en contra del Gobierno, pues unifica en sus objetivos y hermana en su idiosincrasia amplios sectores de la población.

El grueso de los clientes de DMG (unos cuatro millones de personas) pertenece a la clase media y media baja, que se siente afectada por lo que consideran el cierre injusto de su empresa. Este segmento social, al ser una clase intermedia, tiene una gran fortaleza: sus lazos familiares se extienden hacia arriba y abajo en la escala social. Llegado el momento, la sociedad podría tomar partido por ellos, debido a los vínculos afectivos y de solidaridad que los ligan.

La izquierda y la oposición han vislumbrado la proyección del movimiento, y ya están comenzando a apoyarlo directamente en conversaciones con los líderes e indirectamente desde los debates en el Congreso. Ellos saben que si hay una coyuntura que deben aprovechar en su confrontación con el Gobierno, y en su búsqueda de transformaciones socioeconómicas, es esta, y de ella podrían obtener réditos significativos.

Además, se cuenta con el apoyo de toda la gente prestante y empresas que de alguna manera tuvieron contacto con los dineros o con las operaciones de DMG. Para ellos, la mejor manera de salir en limpio de esta situación es que salga absuelto Murcia, que DMG sea declarado un negocio viable o que al menos se le quite el carácter de pirámide que el gobierno le ha impuesto y que los convierte en cómplices o artífices de un delito.

Finalmente, la cercanía de su lucha con la sensación que tiene la población colombiana de que el sistema financiero les ha ido minando injustamente sus bienes y su dinero, en cualquier momento puede hacer contacto de intereses, y el movimiento se tornaría gigantesco. Ya circulan en internet numerosos artículos, con análisis profundos o amañados, donde se muestra el funcionamiento del sistema financiero y los daños reales o supuestos que causa a la sociedad. Es más, ya hay grupos de intelectuales que encuentran el ambiente oportuno para exponer sus críticas y sus propuestas en torno a una transformación del modelo económico actual. De aliarse con grupos políticos y sectores intelectuales, el movimiento podría empezar a asumir pretensiones de poder.

Todo lo anterior muestra que al cerrar la expansión económica del Holding DMG, el Gobierno no calculó que estaba abriendo las puertas a una expansión mucho más poderosa: alimentaba una coyuntura social y política de magnitudes insospechadas y ligaba las condiciones que daban vía libre a un movimiento social (y quizá económico) sin precedentes en la historia del país.

¿Qué camino debe tomar el Gobierno?

Si mide realmente la dinámica que lleva el fenómeno DMG, si calcula las dimensiones de su proyección nacional e internacional, si percibe, como ya lo está sintiendo, el daño personal que le está haciendo y que le va a causar esta crisis, el presidente Uribe debe actuar con premura, sabiendo que las solicitudes de este movimiento son por ahora insignificantes, frente a lo que pueden llegar a ser con el paso del tiempo.

Y, sobre todo, lo que el Gobierno debe tener muy presente es que va a enfrentarse a un movimiento cada día más complejo, movido por la emoción y la voluntad, donde las razones y las decisiones que no toquen el corazón y el bolsillo van a tener poca o ninguna recepción. Por eso, deben buscarse soluciones inmediatas y de manera conjunta con los afectados, pues en últimas lo que puso en acción el cierre de DMG fue el concierto de voluntades, de emociones y adhesiones de un sector de la población cada día más grande y activo, y sabemos, por las palabras de Einstein, que “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

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