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18 de septiembre de 2014

Minea Blue, una vida que renace a partir de la basura

(Álvaro Velasco nos narra el extraordinario caso de recuperación de una mujer que ha sufrido un trauma craneo encefálico, y lo supera a través la Pedagogía del Caos en su relación con el reciclaje y conuna Junta de Acción Comunal que la acoge con cariño y brindándole espacio para su realización)

A partir de los años 70 han ido apareciendo movimientos y experiencias de vida que promueven en la práctica diaria el ejercicio de la religación con la naturaleza. Algunos se han nombrado a sí mismos como comunidades sustentables, ecoaldeas, redes de autoconsumo, economía local, consumo responsable. Muchas de ésas experiencias se constituyen en espacios o campos de sanación y eso se logra en la medida en que van emergiendo como territorialidades armónicas. Es decir: la sanación, la salud, emerge a medida que se tejen conexiones orgánicas con en el campo social. Al respecto y como un testimonio de solidaridad y vida presentamos a continuación un proceso de crecimiento y sanación que se viene dando en la Comunidad de Cedros Capri en el Norte de Bogotá:

La recuperación de la armonía personal de Minea Blue se ha dado a través de su inserción en un campo relacional sustentable del que hace parte nuestro amigo y compañero José Vicente Rubio. El nombre de la protagonista es el seudónimo que ella escogió tomado de la historia de Minea en la mitología y de Betty Blue en la película y eso nos ayudará a comprender el porqué de esos dos nombres.

21 de septiembre de 2013

Una Pedagogía del Caos para lograr Basuras Cero.

Por: JV Rubio, jvrubio@hotmail.com

En la comunidad del Barrio Cedritos, al norte de Bogotá, está creciendo de una manera acelerada lo que podría considerarse un proceso de pedagogía del caos. Lo que hemos considerado colectivamente como un proyecto comunitario de carácter ambiental, podría llegar a constituirse en un motor de dinamización de por lo menos cinco grandes procesos:


-La organización de 20.000 familias, en un desarrollo social, empresarial y ambiental.

-La dinamización y organización del gremio de recicladores de la ciudad, que corre el riesgo de fallar a la sentencia dictada por la Corte Constitucional que obliga a la ciudad a entregarle todos sus residuos a las organizaciones de recicladores.

-La puesta en marcha efectiva del programa Basura cero de la alcaldía Mayor de Bogotá, que a estas alturas no arranca.

-La dinamización del sector comunal en la capital -que está bastante decaído-, para lograr convertirse en motor del programa Basura cero.

-El desarrollo de la conciencia ambiental a través de acciones efectivas y cotidianas inicialmente en este sector y luego extendiéndose a toda la localidad.

Cuando hago un recorrido por los 50 conjuntos de mi vecindario en tan solo tres calles y cinco carreras, y pienso en las 30,000 personas que aquí vivimos produciendo diariamente 30 toneladas de residuos sólidos, más los líquidos y blandos (incluida la urea y la "humanaza" que podrían ser altamente aprovechables), no puedo evitar la analogía con la riqueza biológica de un territorio, o una mina de oro, pues este, para mí (no sé si a alguien más se le ha ocurrido) es, por su connotación ambiental: ORO VERDE

15 de noviembre de 2012

Corra cucho que ahí viene la poli.


De la Serie: Pedagogía del Caos
(Se comenta la experiencia de vida y acompañamiento de niños habitantes de las calles Bogotanas, de la cual surgen una Pedagogía de la calle y herramientas de la Pedagogía del Caos).

-Abra bien la boca del talego y espérenos aquí en la puerta de la Plaza.
Esa fue la instrucción que me dio un chico de unos nueve años que parecía ser el jefe de la gallada.  Era mi primera salida con un grupo de niños habitantes de la calle que iban a pasar la noche al Camarín del Carmen, una de las casas del programa Bosconia La Florida donde yo prestaba mis servicios como educador de calle.

Estaba preguntándome qué hacía yo allí, parado a la salida de una plaza de mercado con una gran bolsa abierta como si estuviera pidiendo algo del alimento que llevaba la gente para sus casas cuando pasó corriendo uno de los chicos y metió en el costal un buen pedazo de carne. Después siguieron otros y otros que venían también a toda carrera y metían allí papas, panela, naranjas… el último que pasó metió un pedazo de la pierna de una vaca y me gritó:

-Corra cucho que ahí viene la Poli…

En los años 70 y 80 por el centro de Bogotá circulaban grupos de niños que literalmente habitaban en las calles, parques, alcantarillas o bajo los puentes de la Ciudad. Esta era una situación a todas luces anómala: niños abandonados o escapados de la dura situación de su hogar deambulando a su amaño con la más absoluta libertad.
Cinco años trabajando, compartiendo y viviendo con chicos de la calle (había pocas niñas en aquella época) y en un ambiente de reflexión acción, me permitieron ir detectando algunas constantes que daban pie al establecimiento de algunas categorías pedagógicas emparentadas con la creatividad.